Mucho músculo francés, pero... ¿de cristal?
A ver, poneos cómodos, pedid otra caña y dejad el móvil un rato, que hoy vamos a hablar de coches sin anestesia. Que levante la mano el que no esté ya hasta las narices de salir a la calle y ver solo electrodomésticos con ruedas. Sí, hombre, esos armatostes que ahora llaman SUVs, que gastan más rueda que un tractor y en las curvas se balancean más que tu cuñado en la barra libre de una boda.
En medio de toda esa moda de comprar "furgonetas de diseño" para ir a comprar el pan, a los franceses de Peugeot se les cruzaron los cables allá por 2018 y dijeron: "Sujétame el cubata, que vamos a hacer una berlina que rompa cuellos". Y vaya si lo hicieron. Hablamos del Peugeot 508 de segunda generación. Un coche que te entra por los ojos más rápido que una croqueta recién hecha (las de jamón son las mejores), pero... ¿Es oro todo lo que reluce o te vas a hacer íntimo amigo del mecánico? Vamos a destriparlo como Dios manda, que aquí no nos paga nadie por dorar la píldora.
Un poco de historia chaval que vas un poco tieso
Para entender este coche hay que mirar atrás. Los que peinamos alguna cana sabemos que Peugeot sabía hacer berlinas inmortales. El 405 era carne de rally (y de padre de familia molón), el 406 coupé lo diseñó Pininfarina y parecía un Ferrari de tracción delantera, y el 504 de tu abuelo todavía sigue cruzando el desierto del Sahara sin inmutarse. Pero luego... luego se perdieron. El 407 parecia un siluro y el 508 de primera generación era, con todos los respetos, el coche oficial del comercial de enciclopedias. Aburrido de cojones.
Pero en 2018 dieron un golpe en la mesa. Bajaron el techo, ensancharon las vías, le pusieron puertas sin marco como a los coupés alemanes que cuestan un riñón y medio, y le clavaron unos colmillos LED en el morro que parece que te van a devorar por el retrovisor. Querían robarle la merienda al Audi A5 Sportback. Estéticamente, un diez. Pero vamos a abrir el capó y las puertas, a ver qué susto nos llevamos.

Lo Bueno: Por qué te calentarias la cabeza para comprarlo
Si te tiras a la piscina, estas son las cosas que vas a disfrutar como un enano:
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El diseño exterior: Lo aparcas, te vas andando y te giras para mirarlo. Es así. Es un coche de "postureo" del bueno.
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Paso por curva de tiralíneas: Al tener el centro de gravedad por los suelos y pesar menos que la competencia, el coche entra en las curvas que es una delicia. No balancea nada. Te transmite una seguridad brutal, de esos coches que te hacen creerte Carlos Sainz en las rotondas.
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El portón del maletero: A diferencia del 508 antiguo que tenía una puertecita de maletero de chiste, aquí se levanta todo el cristal. Tienes 487 litros con una boca de carga tan enorme que puedes meter una lavadora, la suegra y la compra del mes sin despeinarte.
- Nave Espacial: Te acercas al coche, abres esa puerta sin marco (que mola, las cosas como son) y te sientas. De repente, parece que estás a los mandos del Halcón Milenario. El diseño del salpicadero es espectacular le han puesto unas teclas metálicas en el centro que llaman "piano keys" que te hacen sentir que vas a lanzar un misil en lugar de encender el aire acondicionado.
Lo Malo: Agárrate la cartera (y las lumbares)
Cuidao aquí, que se viene la curva peligrosa:
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El maldito i-Cockpit: A ver, ingenieros de Peugeot, ¿quién os ha dicho que yo quiero llevar el volante en las rodillas como si estuviera en los coches de choque? Poner un volante enano achatado para ver los relojes por encima es una lotería. Si mides 1,75m, a lo mejor te cuadra. Si eres alto, o tapas el velocímetro con el volante, o llevas las manos rozándote los muslos. Pruébalo bien, porque a mucha gente le parece una tortura medieval.
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Espacio atrás para enanos: La caída del techo tan chula se paga. Como metas atrás a tu hijo que comió muchos "petisuis" que mide 1,85m, va a ir dándose cabezazos en cada bache y con las rodillas en la boca.
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La pantallita de las narices: Quitar los botones físicos del climatizador es un atraso en seguridad. Para poner el aire más frío tienes que apartar la vista de la carretera y pelearte con una pantalla táctil que, para colmo, tiene más lag que el ordenador de mi abuela.
- ¿Esto es premium?: El dichoso "Piano Black" (ese plástico negro brillante). Han forrado la consola central con eso. El primer día es precioso; al segundo día, tiene más rayones que un disco de Camela y se le pega el polvo que da gusto. Además, con el paso de los kilómetros y los baches, la zona de la pantalla central empieza a soltar algún que otro "grillo" y crujido. No es un Mercedes de los 90, desde luego.
EL problema más gordo, la pesadilla de la Fiabilidad: ¿Hay algún motor 100% fiable?
Vamos al meollo. Todos sabemos que hoy en día un Peugeot es raro de ver con un motor 100% fiable. Te voy a ser claro: Si quieres un coche 100% fiable que no pise el taller, cómprate un Honda Civic de los 90, un Toyota, o vete andando. Los motores modernos del grupo PSA (ahora Stellantis) en esta época tienen tela que cortar.
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Los Gasolina (El drama del "PudreTech"): El 1.2 PureTech de 130 CV es famoso por su correa de distribución bañada en aceite que se deshace, atasca la bomba de aceite y te gripa el motor. Una ruleta rusa. Los más potentes, el 1.6 PureTech (180 o 225 CV), llevan cadena de distribución. Son mejores, sí, pero pecan de consumo de aceite y acumulación de carbonilla en la admisión. No te puedes despistar ni un kilómetro con los mantenimientos.
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Los Diésel (El impuesto revolucionario del AdBlue): Los diésel de Peugeot (los BlueHDi) andan una barbaridad y gastan menos que un mechero. El bloque motor 2.0 BlueHDi (160 o 180 CV) es una roca, durísimo. PERO... y es un "pero" del tamaño de un camión, sufren del infame fallo del sistema anticontaminación AdBlue. El depósito se deforma, el inyector cristaliza o la bomba muere. ¿La broma? Más de 1.000 euros en el taller. Es un impuesto revolucionario que, tarde o temprano, le toca pagar al 80% de los dueños.
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Los Híbridos Enchufables (PHEV): Complejidad al cubo. Suman el motor 1.6 gasolina (con sus cositas) a un sistema eléctrico. Pesan mucho más y, cuando se acaba la batería, gastan gasolina como si no hubiera un mañana.
El Veredicto: Si me pones una pistola en el pecho y me obligas a elegir el que menos problemas te va a dar a largo plazo, vete a por el 2.0 BlueHDi de 160 o 180 CV. El bloque motor aguantará medio millón de kilómetros. Eso sí, ten guardados en la hucha 1.200 euritos por si el sistema del AdBlue decide irse de vacaciones de forma permanente.
Conclusión y NOTA REAL
El Peugeot 508 de segunda generación es como liarte con la persona más atractiva de la discoteca: te enamora a primera vista, te sube el ego llevarla del brazo, pero cuando te la llevas a vivir a casa descubres que no sabe freír un huevo, que tiene unas manías insoportables (i-Cockpit) y que te va a costar el dinero en caprichos (taller).
Es un coche visual y dinámicamente espectacular, con un interior aparente pero frágil al paso del tiempo, y unos motores que están muy, muy lejos de la robustez legendaria que hizo famosa a Peugeot hace décadas.
Nota REAL: 5.5 / 10
Para mí, un 10 es un coche que fue un antes y un después, o uno ultra-fiable ultra-premium y ultra-todo. Un 8 sería un Mazda o un Toyota actual. Este Peugeot se queda con un 5.5. Aprueba porque su chasis es una maravilla y su diseño es una obra de arte en un mar de SUVs aburridos, pero la fiabilidad mecánica de esta generación le corta las alas de cuajo. Ojalá lo hubiéramos visto fiable y quizás con una versión deportiva que te quita el hipo. Coche de capricho, sí; compra lógica, ni de broma.
